Los diarios «chicha» y la ética
César Valero Vegazo
Es más que conocida la dirección de los diarios denominados «chichas» de resaltar las notas macabras, las que conducen al morbo a los consumidores.
Y no son solo la noticia roja las que alienta el medio sino también la farandulera y la deportiva.
Sin embargo, la otrora llamada prensa seria, en los últimos tiempos también ha adoptado los vicios de la prensa amarilla, no en el grado en el que se exhiben aquellos diarios de circulación de cincuenta céntimos, pero la tendencia al sensacionalismo es obvia, por citar un ejemplo, días atrás cierto diario de importante tiraje destacó en su portada, junto a la nota política abridora, la información de un padre que violó a su hija en reiteradas ocasiones.
Este tipo de hechos son comúnmente resaltados en la prensa chicha, pero en un medio que tradicionalmente se caracterizó por su sentido político obliga a extrañarse y a cuestionarse sobre la viabilidad de proyectos sólidos cuando el mercado alienta el consumo de tales informaciones que no contribuyen ni a la educación en valores ni a la instrucción de la opinión pública, tal como son algunos de los objetivos del periodismo ético.
La reiteración de la incursión de estas informaciones en las portadas de los diarios va en ascenso. Según mi experiencia personal, sólo es posible salvar a un periódico el no haber caído en este mal, ya casi endémico, del periodismo nacional.
Los diarios políticos dejaron de ser netamente políticos para dar paso a un hibrido en el que si prevalece la información coyuntural, pero se utiliza como una especia de «gancho» a la nota sensacionalista o a la imagen de una mujer en paños menores en una pequeña viñeta.
Líneas atrás se indico que el productor brinda lo que el consumidor exige, pero la pregunta es ¿Los medios de comunicación tienen que continuar alentando la producción de este tipo de servicio? El rol del medio debería obligar al periodista a modificar el mercado actual para reeducar a la población en la vía que indican tantos los manuales y los estudiosos del periodismo. El fundamento ético orienta que si, que es menester que desde diarios hasta programas televisivos dirijan su línea editorial a educar a la población, no a través de informaciones sobre violaciones, asesinatos, sobre «escándalos faranduleros» o el simplismo de vender «carne» como hacen los diarios chichas.
La prensa seria, al parecer, viene siendo vencida por el apetito de los empresarios inescrupulosos y sin sentido social que recurren a artificios cavernarios cuando el mundo globalizado de hoy obliga a que el ciudadano sea competente, y la instrucción del llamado pueblo depende en gran parte de los productores de opinión que vienen a ser los periodistas. Por ello en el caso escogido, el de la prensa escrita, es necesario que el periodismo serio, veraz, objetivo y transparente, no trastabille en los vicios del sensacionalismo sino que más bien reeduque al consumidor.
Basta de seguir difundiendo «Padre violó ocho veces a su hija». Ya es tiempo de la noticia formadora, claro, sin descuidar la denuncia periodística, que es otro de los roles que no tiene que descuidarse.
Y no son solo la noticia roja las que alienta el medio sino también la farandulera y la deportiva.
Sin embargo, la otrora llamada prensa seria, en los últimos tiempos también ha adoptado los vicios de la prensa amarilla, no en el grado en el que se exhiben aquellos diarios de circulación de cincuenta céntimos, pero la tendencia al sensacionalismo es obvia, por citar un ejemplo, días atrás cierto diario de importante tiraje destacó en su portada, junto a la nota política abridora, la información de un padre que violó a su hija en reiteradas ocasiones.
Este tipo de hechos son comúnmente resaltados en la prensa chicha, pero en un medio que tradicionalmente se caracterizó por su sentido político obliga a extrañarse y a cuestionarse sobre la viabilidad de proyectos sólidos cuando el mercado alienta el consumo de tales informaciones que no contribuyen ni a la educación en valores ni a la instrucción de la opinión pública, tal como son algunos de los objetivos del periodismo ético.
La reiteración de la incursión de estas informaciones en las portadas de los diarios va en ascenso. Según mi experiencia personal, sólo es posible salvar a un periódico el no haber caído en este mal, ya casi endémico, del periodismo nacional.
Los diarios políticos dejaron de ser netamente políticos para dar paso a un hibrido en el que si prevalece la información coyuntural, pero se utiliza como una especia de «gancho» a la nota sensacionalista o a la imagen de una mujer en paños menores en una pequeña viñeta.
Líneas atrás se indico que el productor brinda lo que el consumidor exige, pero la pregunta es ¿Los medios de comunicación tienen que continuar alentando la producción de este tipo de servicio? El rol del medio debería obligar al periodista a modificar el mercado actual para reeducar a la población en la vía que indican tantos los manuales y los estudiosos del periodismo. El fundamento ético orienta que si, que es menester que desde diarios hasta programas televisivos dirijan su línea editorial a educar a la población, no a través de informaciones sobre violaciones, asesinatos, sobre «escándalos faranduleros» o el simplismo de vender «carne» como hacen los diarios chichas.
La prensa seria, al parecer, viene siendo vencida por el apetito de los empresarios inescrupulosos y sin sentido social que recurren a artificios cavernarios cuando el mundo globalizado de hoy obliga a que el ciudadano sea competente, y la instrucción del llamado pueblo depende en gran parte de los productores de opinión que vienen a ser los periodistas. Por ello en el caso escogido, el de la prensa escrita, es necesario que el periodismo serio, veraz, objetivo y transparente, no trastabille en los vicios del sensacionalismo sino que más bien reeduque al consumidor.
Basta de seguir difundiendo «Padre violó ocho veces a su hija». Ya es tiempo de la noticia formadora, claro, sin descuidar la denuncia periodística, que es otro de los roles que no tiene que descuidarse.
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