El valor moral de la persona
Moisés Paredes Amaya
De todos los seres vivos que existen en la tierra, sólo el hombre es persona y posee libertad, o sea, es capaz de elegir o no elegir. Al tener esta facultad existe la inteligencia, y gracias a estas cualidades el hombre entiende la realidad.
La condición de ser libre le permite al hombre cumplir sus exigencias éticas y lograr el desarrollo de su inteligencia y su libertad.
Para algunos autores, el hombre no es realmente libre, toda vez que hace las cosas por necesidad, responsabilizándose de sus propias acciones, las cuales tienden al bien.
A esta libertad del hombre se le llama derechos humanos o derechos naturales, que están conformados por el derecho a la vida, el respeto a la persona, la libertad de expresión, el derecho a la educación, entre otros, los mismos que están por encima de cualquier régimen político y sirven de criterio para juzgar la moralidad de las instituciones sociales, religiosas, económicas y políticas.
Todo ser humano vive en sociedad, es decir no puede vivir sin los otros, ya que por naturaleza el hombre es un ser social. Gracias a esta sociedad, se ha logrado transmitir a través de las generaciones anteriores, una cultura, como lo es la lengua, la vestimenta, los alimentos, las artes, etc.
Una sociedad está formada por personas, que se pueden definir como seres subsistentes espirituales que poseen una dignidad ética.
La dignidad óntica se funda en el ser, siendo diferente por derecho propio. Esta se caracteriza por ser original, en el instante de la fecundación, ser gratuita, ser incomunicable, ya que cada uno posee un valor infinito y absoluto.
La dignidad ética se deriva del comportamiento y la conducta de la persona; se funda en el hacer. Sin esta variable, la persona se pierde en medio del universo biológico, abdica de su independencia, se desintegra y es un simple individuo.
La dignidad ética de la persona se caracteriza por su dinamismo, a través de la actuación humana, por el crecimiento o enriquecimiento espiritual e inclusive por la posibilidad de perderla, a través de actos indignos.
El hombre digno fundamenta su origen, gracias a Dios en el cuerpo recién concebido. El actuar, su destino y la desgracia santificante o divinizada, adquiriendo categoría de hijo adoptivo de Dios.
La condición de ser libre le permite al hombre cumplir sus exigencias éticas y lograr el desarrollo de su inteligencia y su libertad.
Para algunos autores, el hombre no es realmente libre, toda vez que hace las cosas por necesidad, responsabilizándose de sus propias acciones, las cuales tienden al bien.
A esta libertad del hombre se le llama derechos humanos o derechos naturales, que están conformados por el derecho a la vida, el respeto a la persona, la libertad de expresión, el derecho a la educación, entre otros, los mismos que están por encima de cualquier régimen político y sirven de criterio para juzgar la moralidad de las instituciones sociales, religiosas, económicas y políticas.
Todo ser humano vive en sociedad, es decir no puede vivir sin los otros, ya que por naturaleza el hombre es un ser social. Gracias a esta sociedad, se ha logrado transmitir a través de las generaciones anteriores, una cultura, como lo es la lengua, la vestimenta, los alimentos, las artes, etc.
Una sociedad está formada por personas, que se pueden definir como seres subsistentes espirituales que poseen una dignidad ética.
La dignidad óntica se funda en el ser, siendo diferente por derecho propio. Esta se caracteriza por ser original, en el instante de la fecundación, ser gratuita, ser incomunicable, ya que cada uno posee un valor infinito y absoluto.
La dignidad ética se deriva del comportamiento y la conducta de la persona; se funda en el hacer. Sin esta variable, la persona se pierde en medio del universo biológico, abdica de su independencia, se desintegra y es un simple individuo.
La dignidad ética de la persona se caracteriza por su dinamismo, a través de la actuación humana, por el crecimiento o enriquecimiento espiritual e inclusive por la posibilidad de perderla, a través de actos indignos.
El hombre digno fundamenta su origen, gracias a Dios en el cuerpo recién concebido. El actuar, su destino y la desgracia santificante o divinizada, adquiriendo categoría de hijo adoptivo de Dios.
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